Fran
Aunque no era la posguerra vivir en un edificio ocupado era motivo suficiente para que cualquiera comprenda que, o te hacías, tu los juguetes o era muy difícil que tus padres pudiesen comprarte algo.
En aquel momento mis padres no tenían buena relación con los Reyes Magos y Papá Noel no nos tenía en su ruta de reparto.
Con uno o dos juguetes al año lo normal es que jugases con lo que te encontrases o te fabricases tu mismo.
Uno de los momentos que más animaron el barrio fue el descubrimiento de una nave repleta de láminas de corcho blanco.
Estaba en el polígono de La Cantueña (sigue existiendo al norte de Parla)
Se encontraba s 15 minutos andando desde el barrio y los valientes, entre los que no me incluyo, saltaban la tapia y entraban por un ventanal. Desde allí nos tiraban las láminas de corcho y cargábamos todas las que podíamos.
Una vez llegábamos sólo necesitábamos una cuerda para montarnos unas cometas-avión de lo mas elegante.
Estas podían tener una longitud y envergadura de hasta 1 metro aproximadamente y algunos dejaban, obviamente, volar su imaginación y diseñaban aviones de doble o triple ala como los que veíamos en las películas.
Supongo que la materia prima se acabaría pronto pero recuerdo esa época con bastante alegría.
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